Cómo pienso lo que siento

No es extraño encontrarme aquí otra vez, repasando en palabras cada instante que pudo ser. Por eso reniego, confundo encierro con duelo y pongo en juego todo eso que encuentro. Imagino dónde estás o si puedo pasar por ahí, pero es que la distancia se ocupa de alejarnos y espero con ansias una nueva oportunidad para perderte.

Ahí está ese sonido otra vez. Es la calma lo que te desespera, imaginarte en la seguridad de quién te espera o soltarle la mano si es lo que deseas. Y no entiendo lo que tu corazón piensa, lo que busca, lo que desea. La razón ataca y te encuentro sola. Esperando que alguien comprenda, que te expliquen eso que ya nadie quiere escuchar. ¿Son tus pasos una búsqueda? O es la urgencia de escapar.

No me ocupo de mi mismo, y tampoco sigo a tu lado. Aún escribo si no puedo dormir, aún te escribo. Esta noche me ahoga, esta noche te acompaña, es que necesariamente terminás sola. En el otro cuarto se pueden oír tus oraciones, son tus llantos mi desconsuelo. Y te imagino en mis brazos calmando un poco el dolor, sanando poco a poco los retazos de tu amor.

Sé que no es la manera de acercarme un poco a vos, ni demostrarme que entiendo o que me aleja esta razón, que me quema la cabeza diciendo: “NO”.

Como pienso lo que siento es un error; aún así que duermas bien, amor…

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Ahogo de lunes…

Ni siquiera entiendo qué hago aquí, pero este frío de alguna manera abriga y consuela. Cualquier cosa es mejor que quedarme en cama pensando, maquinando una y otra vez, tratando de resolver el sentimiento. Y aunque dude  todo el tiempo finalmente estoy aquí sin entender…
La noche es fría, el cielo está despejado y esas estrellas solo me hacen pensar en que va a bajar aún más la temperatura. Todo duerme, o por lo menos esa es la sensación que producen los inviernos. No estoy lejos e insisto en que me congelo, pero siento un abrigo. Será el encierro al que nos acostumbramos, o aquel al que nos condenamos, o será esta repentina ausencia. O quizás el recuerdo…
Lidiando en un debate que puede ser todo, menos comprensible. ¿Sufro el letargo de estos grises o enfrento el tormento de mis pensamientos? Me presento sin examinar demasiado los conceptos, paso de largo y después regreso. Consumo esos detalles que a veces no detecto y me sumo a la vorágine de lo adverso. En ningún momento disiento, pero no me apresuro a entenderlo. Todos tratan de acoplarse a un tiempo que combata un poco este entorno, como si encontrasen aquí algún resguardo.
Cuesta entrar en ritmo, aunque sepa que debo olvidarme de este desvelo y, poco a poco, perderme en esta búsqueda por ocuparme del momento. Quemo estas energías, encuentro calma en el esfuerzo… como si se tratase de alcanzar la urgencia, por este atrevimiento. Un arrojo, uno de esos momentos de lucidez en los que entendemos. Entonces busco el límite, escapando de lo que aflige por dentro, en cada intervención apresuro la resolución para enfrentar pronto una nueva intromisión. Es eso lo que tranquiliza, la privación… extender al cuerpo los flagelos del pensamiento.
Cada tiempo muerto es un silencio, encontrar un poco de aire para calmar este ahogo. Y cuando se reanuda todo genero una nueva escalada, comparto cada acción (o por lo menos lo intento). Desespera este alejamiento, entonces castigo a este sufrido cuerpo. Como buscando esa fiebre que confunda cada pensamiento, o siquiera duerma estos interrogantes. Corro aunque ya no pueda, no siento el cuerpo… aunque creo que es un beneficio (eso me da la libertad de lastimarlo aún más). Como si rogara encontrar un dolor que ya no me permita hacerlo, o que algo se rompa dentro para ya no continuar.
Se detiene el tiempo, cada partida es un retorno y esto se repite constantemente. Entonces encuentro otra calma, el descanso es tan solo un respiro, como si dejase el lastre en este sitio. El sudor se lleva todo… esta vehemencia recompensa cada centímetro recorrido, supera aquello que he venido a buscar. Y en el regreso enfrento de otra manera a estas preguntas que albergo, aún no imagino que estará haciendo en estos momentos, pero ahora sé que tampoco puedo saberlo. No sé si me interesa o me importa un bledo, pero he quemado algunas horas y al menos he encontrado este desahogo…

“Lunes por la madrugada” de Los Abuelos de la Nada
Lunes por la madrugada
yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor
días en la carretera
yo siento aquí dentro
la emoción de haber
dejado lo mejor
yo no se si en verano éste amor
aqui no hay luces de escena
y algo en mi no se serena, no
yo ya no comprendo nada
tantas caras dibujadas
como manchas en una pared
noches de melancolía
pateando en una ciudad vacía
en la oscuridad te busco a vos
quizás hoy si te pueda encontrar
mas allá de toda pena
siento que la vida es buena hoy
yo se que no es en vano este amor
mas allá de toda pena
siento que la vida es buena hoy
“Lunes por la madrugada” de Los Abuelos de la Nada, editado en el disco Himno de mi corazón de 1984.

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Borrador

Un retorno, algún lugar que no recuerdo. Ya no entiendo la importancia de saberlo y pensar en reconocer mi desconcierto solo se ocupa de olvidar el momento. Pero supongo que es otro viaje entre tantos que me pierdo, como si supiera que buscás salir para volver cuando ya no te espero, estas luces acompañan mi camino de regreso y aún pienso en cómo hago cuando no te encuentro.
Los espacios te acorralan y no te siento, si volvieras nada tuyo es lo que solía serlo. Regresamos al instante de confiar en tus miedos, temiendole a esta razón cuando me alejo, superando todo lo que nunca fuiste y reclamando aquello que siempre te negué.
Otro paseo desde tu nostalgia hasta mi desvelo, para hallarnos en este desenfreno que no es nuevo. Estas notas se cruzaban al regreso, un principio y un final que no me explican nada, ni siquiera el transcurso de este viaje…
 
Como si fuese solo un papel,
te sentís atosigada por tu piel.
Tramando en tu pequeña soledad
algún relato que te ayude a descansar.
 
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Y esta calma no se puede repetir,
esa fiebre es demasiado para mi.
Esos ojos, poco a poco, han de partir…
esta historia nada más puede pedir.
 
 
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Necesidad de carencias

Pienso en la manera de expresar esto que siento. Observo detenido como todo se va perdiendo en el olvido. Esas imágenes parecen ser la vehemencia por superar lo vivido, y camino, camino creyendo en que todo se ha ido. Ya no me aferro a las ideas que han caminado conmigo. Esa noción en que destruimos lo construido rogando por una oportunidad para reparar lo que ya he perdido.  

Intento recuperar eso que ya no es mío, para no volver a confundir error con destino. Espero a su lado más (como si no fuese suficiente nada), acompaño cada excusa deseando poder cambiar. Este letargo es una costumbre difícil de obviar, ¿cuánto más? Ya no busca lo que merece pues teme perder lo poco que aún conserva. Confunde amor con amar, y es que cuesta confiar.
Sola se siente en todo esto, lidiando con otros vientos nuevos, continuando la secuencia que congela al dormir y lo peor es que ya no imagina aquello que puede conseguir. Comprende cada paso, es consciente de cada decisión, pero en el fondo no entiende nada. “Sería sencillo tan solo escapar… ” y al menos enfrenta lo que fue capaz de resignar. No hay más fuerzas para comenzar a enfrentar todo eso que en este mundo está mal. Construye una coraza pues duda antes que volar, niega lo que siente para velar por lo que debe. No está en mis sueños, ya no sale a caminar, ha encontrado un nuevo refugio para hallar la manera de continuar.
Me enaltezco en la falacia de lo que no quiero afrontar. Creo en una ausencia que deje tranquila a mi soledad, no busco otros brazos porque temo volver a fallar y entonces recorro deseos que suelen naufragar. Mi compromiso es una certeza en optar por tropezar, pero al menos tengo una convicción que es cierta.
Ella se oculta entre anhelos que la vapulean cada día. Se convence de que ese sitio es más seguro, un refugio la aleja de todos y lo sabe. Ya no la veo como antes, esa sonrisa es una sombra y aunque me esfuerce en comprenderla insisto en que reaccione. No quiero que a su paso solo busque carecer de lo que tuvo.


“Teléfonos / White trash” de Sumo forma parte de la reedición del disco
Corpiños en la madrugada (1992).
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“Disculpame… “

La verdad es que no puedo entenderte a veces, trato de acoplarme a tus estados de ánimo pero no encuentro manera alguna de derribar tus barreras. Si supieras lo frustrante que resulta a veces tener que lidiar con la indiferencia, porque por más que intento no puedo terminar de brindarte lo que quieres. No hablo de nada extraño, solo trato de comprender de qué manera es que te lastimo. Si supieras cuánto me esfuerzo en estar a tu lado ni siquiera estaríamos discutiendo…

Sé que no soy común, en demasía me complico por detalles que podríamos dejar pasar, pero intento brindarte lo mejor de mi tan solo porque creo en vos… y estoy más que seguro de que sos una persona especial que me ha ayudado cuando más lo necesitaba. No sé si te lo demuestro: creo que alguna vez te lo escribí en algún lado, estoy seguro de que te lo digo mirándote a los ojos cuando me devolvés esa incomodidad en la que te sentís vulnerable. Porque no trato de verte llorar, solo quiero que tus defensas caigan, porque no sé de que otra manera puedo convencerte de que en mí podés confiar… así como yo confío en vos.

¿Creés que me gusta estar así con vos? No me siento bien ni duermo tranquilo, pero no pienso en cómo te voy a decir las cosas, solo lo hago pues espero que te esfuerces en comprenderme y confíes en que no tengo malas intenciones, no con vos, no con las personas que valoro como a vos. Pero te proponés alejarte, complicarte con estupideces que nada tienen que ver con la importancia que les podés dar, incluso llegando a pensar en que hipotecarías todo en un chasquido. Si supieras… no me escondo tras distancias, no me acompaño de la soledad, ni siquiera pienso dos veces en las cosas que tienen que ver con vos. Pero te molestan mis abrazos, te incomodan mis palabras, ni siquiera me dejás esperar mucho de vos. Y si te llamo no tenés tiempo, si te busco estás ocupada, si quiero verte es demasiado complicado todo, si me importás siempre se impone tu desconfianza… todo a veces resulta tan confuso que lo más sencillo es poner en duda mi confianza.

Si soy sincero no alcanza, si me acerco… ¿qué pasa? Sos ausente cuando quieres, sos tan distante que dudo de todo. Trato de pensar en la manera en que vos sentís todo para no decepcionarte, pero mis errores son más preciados para tu memoria que los pequeños gestos con los que yo recuerdo lo que compartimos. No soy un esquema de la perfección, tampoco un manojo de desaciertos constantes… pero intento acompañarte para que sientas que te acompaño. Si supieras, si pensaras en que cada vez que puedo trato de ayudarte, que si me ocupo de vos es porque me importás mucho, que trato de cuidarte para no dejarte sola, que me esfuerzo en comprenderte porque simplemente te aprecio con todo el corazón. Y no sé ya cómo decirte, cómo puedo demostrarte, cómo voy a convencerte… que puedas resolver todo, que confíes en mí. Para que no dudes si trato de acompañarte, para que me creas porque no quiero lastimarte.

… y si me quedo en silencio es porque no me gusta distanciarme de esta manera de vos, porque prefiero escucharte reír, verte sonreír, porque cuando jugás conmigo aparece más de vos. Pero creéme: si te escribo, tu número no es solo uno de tantos destinatarios; las cosas que te digo no son palabras ensayadas para cualquier otra; si te digo que sos especial para mi es porque en verdad es lo que siento. Porque las cosas que hago por vos no son una manera de sacarte en cara quién soy, porque ya no sé que decirte… no quiero decir esas palabras solo porque lo pides, porque si lo hubiese hecho ibas a omitir toda esta reflexión. Sabés que no puedo hacer de cuenta que no ha pasado nada, pero intento lidiar con esto para superarlo.

Porque si le doy importancia a todo esto, es porque vos sos importante para mí. 

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¿Justo?

… y te soñé, te encontré entre alucinaciones de una noche que me desvelaba por el calor. Entonces recordé que en algún lado estabas; tal vez te acuerdas todavía de los paseos, el primer encuentro que casi se escapa, quizás recuerdes que yo no te esperaba. A veces me pregunto si de verdad te acuerdas de todo lo que te decía. Yo sonrio cuando me acuerdo de vos, tengo que esforzarme pero todavía puedo ver aquel banco, el paseo, la parada del cole, todo.
No entiendo por qué a veces me acuerdo de vos, ¿podría haber funcionado? Sin saberlo en algún sitio dejé esos recuerdos lindos, pero te veo de vez en cuando y trato de imaginarme qué hubiese pasado si hubiésemos podido arreglar las cosas, si te hubiese besado como pediste, si pensara en vos como solía hacerlo. Todavía me importás, pero no se parece a lo de antes: no sé cómo explicarlo, es simplemente que no puedo verme a tu lado. No es agradable sentir eso (no creo que lo sepas), pero estos giros me hacen pensar en que de verdad hay alguien que disfruta de éstas ironías.
 
"… y hablamos en el auto camino a casa, veníamos pensando en esos detalles que asociamos a la persona que queremos (o que supimos querer). Cada uno tiene pequeñas delicias para recordar por un momento y sonreír, nos acordamos de algún lugar, de algún gesto, de una palabra en especial. O a veces dejamos marcas de alguna manera, tal vez un estado de ánimo nos recuerda a una pelea en particular o esa lluvia nos habla de aquel viaje. Pero comprendí que esas huellas se convierten en moldes para recibir nueva información… como buscando qué hay de esa persona en la gente que empezamos a conocer cuando todo se ha terminado."
 
Nunca fui bueno para los detalles, es más… puedo decir que soy pésimo para tratar de recordar esas pequeñas cositas que para vos eran tan especiales. Y tuve que extrañarte para darme cuenta de que con el tiempo grabaste en mi pecho esas insignificantes marcas. Justo ahora las recuerdo, justo entre sueños, justo en la soledad de un desvelo. Justo cuando ya no te tengo…
  

  

¿Cómo no asociar esta canción a vos? Es inevitable me parece. Gracias… por lo menos una sonrisa más especial se cuela entre los acordes. "Ando ganas" de Los Piojos, video en vivo grabado durante el recital en Huracán de dónde saldría después Ritual de 1999.

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Esperándome

¿Qué es lo quiere de mí? Trato de entender, intento explicarme la razón para que actúe así conmigo pero no llego a ningún punto. Intento ser amable: evitar demostrar incomodidad alguna porque en realidad ya no me incomoda su presencia. Pero por más que lo intente nadie cree en que siento eso que digo, demuestro otras cosas me dijeron por ahí. ¿Qué hago entonces? Supero sus expectativas y caigo de nuevo en la cuenta de que este es un viaje que debo hacer solo… no hay nada que pueda demostrar porque primero tengo deudas conmigo. Otra vez, vuelve a tener sentido eso de que pienso demasiado en lo que los demás piensan de mi… en este caso creo que esperan demasiado de mi. No sé si es demasiado o demasiado pronto, pero me parece que ni el tiempo ni la pasión me exoneran.
Contención, protección, compañía, sosiego… solo esperaba abrigo en la noche, camina junto a mi y ni siquiera me mira. Espero el cruce, pienso en ese instante qué es lo que tengo que hacer, ¿acaso debo decir algo? Me quedo parado allí, ella no me ve porque no trato de acercarme: solo me quedo allí parado mientras cruza la esquina. No sé qué debo comprobar, no sé si esto es un paso hacia adelante, no sé ni siquiera si esto es un paso porque en realidad me quedé quieto. Entonces vuelvo a casa, todo queda en ese sitio. Que se lo lleve el agua, o el viento… o que simplemente me lleven a mi.

“Bombachitas rosas” de Las Pelotas forma parte del disco Corderos en la noche (1991). Este video es de una presentación en vivo en el Cosquín Rock de 2003.
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